Esto empezó hace algunos años, pero recuerdo cada detalle como si hubiera sucedido ayer. ¿Qué cual era su nombre? En realidad no es importante y además no quiero lastimarla, o por lo menos no más de lo necesario; llamémosla Amy. Amy era inteligente, guapa, llena de energía, brillante oro en medio de un mar de arenas oscuras, aquella que te mira a los ojos y te cambia para siempre. Me sentí atraído por ella, fue como en los libros: sentí esa chispa, la conexión instantánea.
Amy era la escogida, tan pronto como la ví supe que era ella a la que amaba; pero ella no sabía que yo existía, yo con todo este amor para dar, sin manera de explicarle cuanto la quería, cuanto ella podría quererme… con el tiempo.
No podía mostrarme y contarle todo esto, decirle directamente que la amaba, eso no tenía ninguna lógica: no nos conocíamos, probablemente ni si quiera me había visto, así que decirle sobre todo el amor que sentía por ella sería para ella un shock.
Tal vez una carta serviría, ya sabes, del tipo del admirador secreto, el paquete romántico completo, flores y todo eso. Comencé con la carta, le escribí una carta a Amy, el problema es que siempre que hablo de mi mismo tiendo a decir lo más que pueda, sin dejar nada en el tintero; por lo que terminé escribiendo demasiado para ser una carta, así que diré que escribí un libro. Era un libro grande, con anécdotas sobre todas las cosas geniales que había hecho, sólo para explicarle a Amy lo maravilloso que yo era, lo que podía hacer por ella, lo feliz que podía hacerla y… ¡ah si! cuanto la amaba que era de lo que se trataba todo este asunto; si había algo que yo quería que entendiera ella, era mi amor, mi eterno e incondicional amor.
Yo amaba esa chica, en realidad que la amaba, y ahora ella lo sabía, o por lo menos eso era lo que yo creía…
Sé que recibió el libro, lo sé porque vi cuando el libro le fue entregado y ella debió haber sabido que era mío, porque escribí mi nombre en él. Le dí algunos días para leerlo y esperé.
Puse mis datos de contacto en el libro, de manera que Amy supiera donde encontrarme cuando me quisiera. Esperaba ansioso saber de ella, escucharla decir cuanto me amaba, quería su amor. Y para no perder el momento en que ella admitiera que me amaba, que sentía por mi lo mismo que yo sentía por ella; la observé.
No podía perderme ni un momento, puse cámaras en todos los cuartos, con equipo de sonido; lo preparé y conecté todo, y me dediqué a observar la vida de Amy.
La observé comiendo, durmiendo, la observé en todos lugares: trabajando, comprando, caminando, manejando, sentada, parada, como fuera. La observé incluso cuando se desvestía, cuando se bañaba, en la tina y… demás cosas.
Cada minuto de cada día la observé, y por supuesto, la observé mientras leía el libro, mi libro, pero no todo completo, sólo algunos fragmentos, de vez en cuando se saltaba algunas páginas por aquí y otras por allá. Pero el libro que yo le había escrito sobre mi y mi amor incondicional por ella, fue pronto olvidado en una repisa… ¡No lo podía creer! ¿Como pudo Amy?, mi Amy, la mujer que yo amaba, ¿Cómo no podía entender lo mucho que necesitaba que ella me viera? ¿Como no podía entender mi amor, mi amor incondicional? y solo ignorarme; es como si ella pensara que yo no era real, como si pensara que el libro era sólo ficción, sólo cuentos. La mujer que amaba pensaba que era imaginario; así que fui a su casa, y llamé a la puerta, y ella abrió, estaba un poco sorprendida, creo que sabía quien era sin que yo dijera una palabra, y cuando le dije quien era, intentó cerrarme la puerta en las narices, pero yo era mas fuerte, empujé la puerta y logré entrar, lanzando a Amy contra el piso, donde se quedó llorando aterrada; y se lo dije, directa y personalmente para que no pudiera haber errores: “Te amo” -le dije- “Te amo y quiero que tu me ames también”- Ella me miró como si yo fuera una especie de monstruo, algo que quería dañarla. Yo no quería dañarla, yo sólo quería demostrarle cuanto la amaba.
Le había dado a Amy todo mi amor, mi amor incondicional, y lo único que quería es que ella me correspondiera.
Ella dejó de llorar y me miró, y no se por qué, pero no pude ver amor en sus ojos, respiró hondo y dijo 3 palabras, sólo 3,
pero esas palabras me lastimaron profundamente: “no te amo” -me dijo. Pudo haber hecho cualquier cosa, dicho cualquier cosa y la hubiera perdonado, cualquier cosa excepto eso, pero ella no me amaba y me lo dijo ¡después de todo lo que había dicho, de todo lo que había hecho! Toda la observación, la persecución, todo el tiempo y dinero que gaste para seguir cada movimiento de Amy, todos desperdiciados, el libro que yo había escrito para ella, también había sido un desperdicio.
¿Que podía hacer? Es decir, amor incondicional es una cosa, y ella lo pudo haber tenido, pero ella no me amaba, y supongo que hasta el amor incondicional tiene sus limites…
Ella sólo tenia que amarme, y nos hubiéramos evitado muchas cosas.
Ahora me encuentro arriba en mi habitación, escribiendo este pequeño diario, y Amy está en el piso de abajo, cocinando; no, no cambió de opinión, ni si quiera cuando la amenacé con castigarla si no me amaba; Mientras mas le decía lo mal que le iría si no me amaba, más me repetía ella que nunca podría amar a alguien como yo, especialmente -dijo ella- ahora que sabía como era yo en realidad.
Bueno, ella tuvo su oportunidad, y ahora no hay vuelta atrás: Amy está en la cocina, cocinando: es una casa vieja con un gran horno abierto y una varilla para asar la carne.
Amy tomó una decisión y ahora está en la cocina, cocinandose. El humo sale por la chimenea y el olor está en el aire, el olor de carne crujiente y dorada por fuera, pero aún suave por dentro; y parece como si hubiera sido ayer, pero esto pasó hace mucho tiempo, hace años, y aún años después Amy sigue en la cocina y pasará mucho tiempo antes de que termine…
Así que ya sabes, dios te ama muchísimo, pero si tu no lo amas te hará sufrir por toda la eternidad
Bueno, ni que decir, otra fina pieza de inmadurez por parte del gran personaje principal del antiguo testamento. Saludos
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